Buscamos hacer realidad en el mundo el gran deseo de Jesús: que todos seamos hermanos. Es por ello que nos hacemos cercanos a todos y todas con la sencillez de nuestras vidas y de nuestras relaciones.

La fraternidad está en el ADN de nuestra vocación y es por eso que vivimos en comunidad; compartimos nuestras alegrías, sueños, ilusiones, esperanzas y tristezas con otros hombres que terminan por convertirse en nuestros hermanos.